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Tomado de:
Redes Culturales: Una introducción
David Casacuberta
Ángel Mestres
Portal Iberoamericano de Gestión Cultural

Una red tampoco ha de medirse por los proyectos que empiezan y acaban. Una red es sobre todo, algo continuo, un proceso que nunca se detiene. La red puede parecer parada, en el sentido de que no hay ningún proyecto en marcha, pero en realidad puede ser igualmente bulliciosa, con individuos interactuando socialmente, intercambiándose información, discutiendo proyectos futuros, etc.

Las redes son, gracias a sus miembros, eminentemente plurales. Ello también implica una pluralidad de metodologías, estrategias y técnicas, gracias a la diversidad en sus miembros. Ello implica que una red funciona desde criterios de complejidad y diversidad, y no es reducible a mecanismos lineales para explicar su funcionamiento.

Evaluar una red cultural.

Si queremos establecer la funcionalidad de una determinada red, necesitamos tener claro primero que un mero análisis cuantitativo no nos va a servir de mucho (aunque sin duda también va a ser informativo) porque -como hemos dicho antes en una red cuentan más los procesos que los resultados finales en sí mismos. Una red puede no generar muchos productos pero ser muy exitosa a la hora de establecer interacciones sociales fructíferas entre sus miembros.

Una evaluación interna es algo muy importante para una red, de otra forma resulta muy difícil establecer si realmente se están cumpliendo los objetivos y misión planteados, permite detectar los puntos débiles en el sistema de comunicación y así nos permiten rectificar si la forma de trabajar no es la correcta.

Así pues, para evaluar una red utilizaremos magnitudes más bien cualitativas como continuidad de la red a lo largo de un tiempo, calidad de las interacciones sociales generadas, número y calidad de las contribuciones de los diferentes miembros, cuántos miembros de la red son realmente activos y de qué forma.

Para establecer el grado de eficiencia de una red hemos de basarnos en nuevos criterios, teniendo en cuenta las características específicas de una red. Así, un aspecto que necesitamos examinar es el grado de complejidad de una red. Cuanto más compleja sea esta, más facilidad tendremos de crear cosas nuevas, adaptarse a situaciones cambiantes, más facilidad de innovar…

Otro aspecto clave es la velocidad de las comunicaciones. Cuánto se tarda en que un elemento específico de distribución sea conocido por toda la red o por lo menos, todos los miembros de la red que necesitan conocer esa información.

También es importante establecer el grado de formación que se establece en la red.

Una red no ha de utilizarse solamente para transmitir datos, también ha de generar conocimiento y actitudes asociadas. Como hemos dicho anteriormente, toda interacción en una red ha de generar información, significado e implicaciones.

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