La Espiritualidad

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Tomado de:
Filosofía maya
Fundación Juraqán
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29 de septiembre de 2017

Muchas veces creemos que el rito, el signo y el símbolo es espiritualidad. Mezclamos las ceremonias y practicas rituales con el concepto espiritualidad. Porque la espiritualidad hasta cierto punto nada que ver con los ritos, signos y símbolos. Es decir todo aquello que conlleva a una ritualidad no precisamente es espiritualidad.

Por naturaleza, la humanidad es profundamente espiritual e innatamente religiosa. Los seres humanos tenemos una tendencia innata a la sana religiosidad, hacia la espiritualidad, que sólo se ve anulada por los malos ejemplos de personas supuestamente religiosas. Somos bondadosos por naturaleza, cuando nuestras mentes no están distorsionadas, ni nuestra visión afectada por la falsa enseñanza de los intereses egoístas y materialistas, de la propaganda política consumista y de los enfrentamientos raciales o religiosos.

La espiritualidad humana va más allá de cualquier sistema de creencias. Busca la esencia y el sentido de la existencia, y eso es algo que ningún sistema de creencias puede limitar. No tiene sentido dividir a las personas en ateos y creyentes. Ser o no creyente no cambia lo que eres en realidad. El alma no puede ser modificada por la forma de pensar de la personalidad, está en otra dimensión, lejos del alcance de la mente inferior.

La espiritualidad es un estado del ser y no un estado de realización. Es una forma de vivir con plena conciencia despierta.

Espiritualidad es establecer correctas acciones humanas, basadas en el amor desinteresado, y confiar en el enorme potencial del ser humano por alcanzar la libertad, la alegría de vivir y el establecimiento de un paraíso de paz en la tierra.

El amor, la compasión, vivir en armonía, no tienen por qué estar relacionados con una religión o un determinado sistema de creencias.

El concepto de Espiritualidad Maya, no se refiere a las ceremonias, a los ritos, ni a las creencias, sino a la profunda contemplación de la divinidad, de Ajaw Tepew y Chuch K’ukmatz, y del cosmos que despierta la conciencia y el alma interna.

 

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