A propósito de Per-versos  -1 de 2-

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A propósito de Per-versos  -2 de 2-
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Escribe:
Delia Quiñónez
Miembro del
Consejo de Administración del ADESCA
Premio Nacional de Literatura
22 de noviembre de 2017

Hace algunos días, tuve la grata oportunidad de conocer a algunos de los escritores del colectivo Poetry Slam Xela, con motivo de la entrega de su catálogo poético Per-Versos.  La cita fue en el Centro Cultural de España, antiguo cine Lux de la ciudad capital.

Me dio mucho gusto participar en esa actividad donde Poetry Slam Xela presentó el resultado final de su proyecto, el cual consistió en una bella y nítida edición, a más de su contenido cuidadosamente estructurado que marca, paso a paso, el camino recorrido y cada una de sus etapas.

Juntamente con los compañeros del ADESCA que estuvimos presentes, saludamos el resultado de un esfuerzo de valiosa e innegable creatividad en su forma  y en su mensaje integral.

Después de haber leído Per-versos  y conocido la dinámica de sus distintos aspectos; y asimismo, después de acercarme a la poesía surgida de este trabajo colectivo del que el ADESCA ha sido parte, en cumplimiento de su razón de ser, no puedo sino aplaudir este libro hermoso donde están las huellas de creadores que caminan en la búsqueda y encuentro de la palabra y, en este caso específico, de la poesía.

Veo este trabajo orgánico y trascendente, como un magisterio poético que merece ser recibido con respeto y alegría.

¿Por qué un magisterio poético?  Lo explico aquí, compartiendo algunas reflexiones externadas en otro momento, respecto del hecho creador de la poesía.

A propósito de la literatura  y sus manifestaciones, sabemos que  siempre está latente aquella pregunta de  si el poeta busca a la poesía o si la poesía busca al poeta. Resulta casi obvio que esa búsqueda es un camino de doble vía, cuyo encuentro tiene la virtud de transformar el mundo del poeta y al mismo tiempo, la posibilidad de  que el poeta contribuya a crear nuevos mundos mediante una elaboración formal basada en la palabra.

Ahora bien:  ese punto de encuentro entre la poesía y el poeta y su resultado concreto – es decir, el poema-  dista mucho de ser algo tan simple como cruzarse en una esquina. Hay sin duda alguna, todo un largo proceso, detrás del cual se sitúa no uno sino muchos  magisterios poéticos.  Y digo magisterio poético,  por llamar de alguna manera a esa fuerza que lleva a cada poeta a externar su pensamiento y su sentimiento,  según el talento personal y el  criterio selectivo para escribir su obra.

Dicho de otro modo: detrás de la palabra del poeta hay una formación basada en su voluntad de tomar por los cuernos la tarea de crear un lenguaje de poema que lo identifique con su espiritualidad, pero también  como un ser social en una época y en un contexto determinado.  De hecho, hay un magisterio y un aprendizaje que coinciden y que unen sus fuerzas para crear la palabra poética.  Más allá de ese encuentro queda el poema con sus  significantes y  significados  específicos; con sus matices, con su propia voz  y  con su particular destino.

El magisterio poético está siempre allí, latente, perceptible en la profundidad y extensión de todo un mundo de siglos y de estadios culturales que van desde la escritura en piedra, hasta los aportes fecundos y maravillosos de la tecnología actual.  O sea: nada es nuevo para quien desea hacer de la palabra poética  su expresión estética.  Siempre hay  algo, además de su talento, que impulsa al escritor de poesía; que lo inspira, que lo alienta, que le dicta las características  formales de su voz y que lo acerca a los contenidos de su discurso.

En ese magisterio se cuenta, por supuesto, la vida y lo vivido por el poeta;  las condiciones sociales y económicas propicias para desarrollar un lenguaje que va más allá de la comunicación cotidiana;  así también, los estímulos y el ambiente que marcan para siempre el tono de la palabra transformada en arte.  La dinámica de grupos de lectura, así como los talleres de poesía y los valiosos resultados de  los mismos, son  precisamente hechos innegables de un magisterio poético que abre espacios de enriquecedoras vivencias y constituyen un estímulo importante no sólo para quienes aman la literatura de creación como tal, sino para aquellos que van justamente en busca de la poesía para que ésta los encuentre a ellos. Otro importante magisterio es el hecho de compartir con otros poetas el fruto de la escritura, lo cual  propicia la  orientación creativa y el ejercicio de la crítica literaria.

Si bien es cierto que la educación formal, en todos los niveles de enseñanza, también es parte de un  magisterio poético, lo es también el magisterio que surge de la formación autodidacta. Y aquí juega un rol esencial el gran magisterio de las lecturas literarias en general y de las poéticas en particular.  Ese es, a mi juicio, el magisterio poético que con más fuerza impulsa la formación del poeta.

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