Recordemos a Floridalma Robles, connotada arpista guatemalteca

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Ana Rorhomoser
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Sin duda alguna, muchos valores artísticos del pasado, han quedado en el olvido a través del paso de los años, pero la memoria histórica nos regresa a donde podemos revivir el recuerdo de connotados artistas nacionales.

Por eso, hoy presentamos una breve semblanza de la connotada maestra Floridalma Robles, arpista guatemalteca de una brillante trayectoria de 39 años dentro de varios grupos musicales.

La maestra Robles nació en Guatemala el 9 de junio de 1941, siendo hija de la maestra cantante Miriam Lara Padilla, miembro del Coro Guatemala, y del arpista guatemalteco, Buenaventura Robles, miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional, de quienes hereda el gusto y la maestría por la música, siendo él, su principal maestro.

El haber crecido en este ambiente musical, le ayudó para desarrollar una entrega por la música, especialmente clásica, por lo que a los catorce años inicia sus estudios de arpa en el Conservatorio Nacional de Música, habiéndose graduado como Arpista en el año 1962.

Algunos de sus más connotados maestros arpistas fueron la maestra Mildred Dilling, originaria de Nueva York, USA; Mireille Flour, originaria de Bruselas, Bélgica; Susan Davids, de San José Costa Rica, complementando sus estudios con el Director David Roudge, con quien estudia Dirección de Orquesta, complementando su pensum en Dirección Coral con los maestros Alberto Grau, de San José Costa Rica y Felipe de Jesús Ortega, connotado maestro guatemalteco.

Artísticamente desarrolla una gran labor, como integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional, -arpista principal-, directora del Coro del Conservatorio Nacional de Música, además participa con la Orquesta Clásica de la Universidad Francisco Marroquín, solista en la Orquesta Sinfónica Nacional de El Salvador, invitada especialmente, pero además es catedrática de arpa, solfeo y música coral en el Conservatorio Nacional de Música acá en Guatemala.

La Organización de Estados Americanos y CIDESIN de Costa Rica, la invitan como becada en dos oportunidades, y participa además en el Congreso Interamericano de Estudios Instrumentales en San José, Costa Rica, dedicado a los arpistas latinoamericanos.

Representó a Guatemala en el Congreso Latinoamericano para Directores de Coro, en San José, Costa Rica.

Su trayectoria artística interpretativa incluye presentaciones en Televisión, Radio, y múltiples conciertos como solista en recitales públicos como privados, realizando innumerables interpretaciones de música de cámara.

Como parte de la Orquesta Sinfónica de Guatemala, se presentó como solista en varios conciertos, siendo impresionantes sus interpretaciones de Mauricio Rabel, Friedrich Haendel, el concierto para Arpa y Flauta de Wolfgang Amadeus Mozart, concierto para Arpa y Orquesta de François-Adrien Boieldieu y las Danzas Sacra y Profana de Debussy

En 1983 creó el dúo de Arpa y Marimba Clásica, para fusionar dos instrumentos originarios de continentes distintos, fusión a la que denominó “Encuentro de dos mundos”, el arpa universal y la marimba, instrumento autóctono guatemalteco. Su repertorio incluyó los diferentes estilos y formas de música guatemalteca e internacional. Las adaptaciones y ejecuciones en estos instrumentos brindaron la singular combinación de timbres, uno emanado por la madera percutida, y el otro por la cuerda puesta en vibración.

Dentro de su repertorio, en este ensamble interpretaron obras de J.F. Haendel, Debussy, Alberto Ginastera, Héitor Villalobos y Mateo Albéniz.

Esta iniciativa no se ha vuelto a repetir en Guatemala, lamentablemente, ya que en su momento fue muy bien aceptada, pues por medio de este ensamble se desarrolló una labor de proyección cultural tanto a nivel nacional como internacional, realizando conciertos en varios departamentos, así como en ciudades como Washington, USA, México, D.C., San José de Costa Rica y El Salvador.

Hasta el final de sus días, Flory vivió para y por la música. Llevaba en su alma un talento inigualable que a la fecha no ha sido interpretado por nadie más. Fue una mujer, arpista, madre, abuela, amiga y compañera ejemplar. Flory ha sido una de las pocas arpistas guatemaltecas que ha puesto muy en alto el nombre de los Artistas y el de Guatemala.

Ante el dolor y la tristeza de sus amigos músicos y sus familiares, la maestra Robles falleció el 4 de enero de 2001, dejando un gran vacío en la música guatemalteca, especialmente en la especialidad del arpa.

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