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Por
Elda García
Movimiento Cuarto Mundo
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La sed por leer de los niños y de sus familias ha hecho nacer una acción de divulgación de libros en un barrio desfavorecido de Guatemala. Todo un cambio para la familia de doña Carlota. En la colonia de Guatelinda, en Escuintla, Guatemala, el amor por los libros sobrevolaba las mañanas en las que, bajo varios árboles de mangos, nos sentábamos a leer con los niños.

En algunas ocasiones, los niños nos pedían que dejáramos los libros y fue así que un día también comenzamos a llevarlos a las casas; propusimos a los jóvenes y a los adultos quedarse con ellos durante la semana. Doña Carlota se animó a tomar uno por primera vez. “Quizá tenga tiempo de leerlo”, nos dijo. Para una madre de siete niños no era fácil encontrar tiempo para ella misma durante el día.

Atreviéndose a tomar prestado primero un libro pequeño, Carlota comenzó a tomar el gusto por la lectura.

Un día nos dijo que le gustaba más cuando los libros tenían más contenido porque eso le permitía pasar más tiempo entretenida por la noche, cuando por fin podía dedicar tiempo a leer. El día de la semana en el que íbamos a su encuentro para saludar y entregar nuevos libros, era una verdadera fiesta en su casa. A la puerta iban saliendo poco a poco todos los niños: los más pequeños a su lado y los jóvenes después; allí, en el patio de la casa, colocaban todos los libros y nos sentábamos. Había algo que siempre me gustaba ver: ella tomaba tiempo para acompañar a los más pequeños en su búsqueda para elegir el libro más llamativo, también para interesar a las más jóvenes y estar atenta para que todos tuvieran el libro apropiado para leer durante la semana.

A Carlota le apasionaban las novelas; en particular, los libros de Isabel Allende tomaron un lugar en su nuevo ritmo de entretenimiento. Sabíamos que, durante la semana, Carlota leía a sus hijos más pequeños el libro que cada uno había tomado, y también que compartía con los más grandes sobre lo que ella estaba leyendo. La familia completa se reunía alrededor de los libros.

Ese año Alicia, su hija pequeña, comenzó el nivel primario en la escuela de la colonia. La niña había ganado confianza en ella misma y también estaba motivada.

Carlota confiaba en que no era en vano el tiempo que su familia pasaba alrededor de la lectura.

Cuando nos encontrábamos, ella hablaba de los momentos en los que los niños tomaban los libros e inventaban historias solamente a partir de las imágenes.

Estaba orgullosa porque sus hijos se expresaban de una forma mucho más segura, de manera fácil y tenían mejor autoestima.

En su participación en las actividades culturales que proponíamos, se notaba que la imaginación y curiosidad de sus hijos estaban desarrollándose cada vez más.

Aun todo eso no fue suficiente, desde el inicio para Alicia su estancia en la escuela no fue fácil. Su ausencia en el nivel pre-primario y sobrepasar la edad establecida justificaron sus dificultades. Lo importante es que Alicia guardaba la fuerza para mantenerse en la escuela, a pesar de las fragilidades. Lo cierto es que este amor por la lectura y lo que ganan los niños con ellos, no son elementos evidentes dentro de la escuela. ¿Y es que no será mucho más importante construirse como persona, ganar en autoestima, en creatividad, en seguridad?

Estas herramientas importantes para su vida adulta estaban allí, en el corazón de ese patio que cada semana nos recibía.

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